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viernes, 16 de mayo de 2014

Ashley Greene una vampiresa muy sensual




Si soy sincera no puedo decir que me ha inspirado esta foto porque la descubrí después de haber escrito " 7 copas ". Pero curiosamente encaja perfectamente con un personaje. En el libro la ciudad está dividida en dos facciones de vampiros dos lideres que se disputan el poder. Ella podría dirigir a una de dichas facciones, me transmite sensualidad erotismo emana un espíritu indómito y rebelde. Hay una escena bastante erótica en que ella reposa sobre un diván en un ambiente lujoso y una mensajera metamorfoseada en pantera negra se introduce por la ventana y se arrodilla ante su señora para transmitirle un mensaje... desconociendo al hacerlo que la anfitriona deseaba saciar su deseo en ese instante con una de sus últimas presas...

miércoles, 14 de mayo de 2014

Como una lluvia de petalos



Como una lluvia de pétalos:




Quizás la felicidad se componga de esos pequeños momentos de alegría que rozan fortuitamente nuestras vidas. Pienso que tenemos que valorar más esos pequeños instantes e intentar vivirlos intensamente,  atrapándolos en nuestros corazones, porque son más valiosos de lo que nos imaginamos. Además esos fugaces sentires los puedes almacenar por siempre en tu mente y rescatarlos y acunarlos cuando todo parezca volverse en tu contra. Son elementos de luz que vivifican y renuevan, son recargas de cálida energía.



 Momentos como: observar las estrellas con tu madre, conversar con unas amigas, percibir al ser amado en tu corazón y notar esa caricia sutil de energía que te envuelve. Sonreír ante el nacimiento del sol, corresponder a la sonrisa inocente de un bebe. Recibir una invitación para comer… Leer un buen libro... 



Sentir placer y notar como vibran tus 5 sentidos por la excitación… Acariciar…  ser acariciada… Observar las olas del mar. No hay que dejarlos pasar como arena entre los dedos, hay que sentirlos con el alma justo en ese instante y dejar la mente libre de los problemas pasados o venideros, porque realmente lo que tenemos es nuestro presente.


Hasta pronto :-) un abrazo

sábado, 28 de abril de 2012

La leyenda de la piedra negra (8ª parte)




Sin darse apenas cuenta de lo que hacía… Anheló saber, lo hizo con tal intensidad que le fue concedido su segundo deseo. Un alubión de imágenes arribaron a su mente. Escenas de otros tiempos, de lugares lejanos exóticos. La vida del señor de los sueños discurrió ante sus ojos. Desde su niñez, hasta convertirse en un adulto ya formado. Vio a un niño de tierna edad, enfrentarse a las aguas embravecidas, para salvar a un pequeño cachorro. Lo descubrió valiente, gallardo junto a sus soldados, defendiendo sus tierras. Cuando volvió en si, Sara se dio cuenta de que estaba llorando silenciosamente. Emocionada profundamente, por los sentimientos que la habían embargado hacía tan sólo unos instantes.
El señor de los sueños se levantó, muchos intentaron distraerlo con sus diálogos banales. Él los obvió deliberadamente. Sin embargo, su comportamiento no estaba basado en la altanería. Simplemente estaba hechizado por aquella mujer, que había irrumpido en su vida. Cuando llegó ante su presencia la miró con dulzura, acarició con delicadeza su mejilla con el dorso de su mano.
-No llores por mí, no merezco tus lágrimas. - Le susurró el señor de los sueños a escasos centímetros de sus oídos. –Aléjate de mí, no quiero arrastrarte a esta vida errante. - Añadió apesadumbrado. Su voz grave y seductora reverberó caprichosamente sobre su cuerpo. Provocando una reacción inusitada sobre su ser.
-No digas nada más – Le advirtió Sara, colocando traviesamente su dedo índice sobre su boca, para que este se callara. Él sorprendido bosquejo una sonrisa. Ella le acarició la nuca sus dedos se enredaron en el nacimiento de su pelo.
-No me quieres escuchar… – Murmuró el señor de los sueños confuso y excitado al notar la tersura de sus pechos sobre su piel.
-No – Susurró ella, después humedeció sus labios. Sus mejillas arreboladas le conferían si cabe aún más belleza. El color de sus labios parecía ahora iluminado, por un suave tinte color burdeos. Acto seguido deslizó sus dedos sobre la boca de él, recorriéndola sinuosamente ejerciendo una leve presión. Sintiendo con deleite su volumen, su carnosidad, su cercanía, su aroma y su respiración.  Ella exploró sus dorsales, sus hombros, sus pectorales, sembrando de besos su fuerte anatomía.
Las manos de él descendieron por su espalda, bajando lentamente hasta desembocar en el talle de su delicada cintura. Luego besó sus  hombros, primero uno luego el otro eran cálidos. Desde la base de su cuello fue ascendiendo hasta sus labios alternando al hacerlo besos y suaves mordiscos. Entreabrió su blusa y  lamió sus pechos jugueteando con sus  sonrosados pezones pequeños y prietos. Cada vez que este la besaba oleadas de placer estremecían su cuerpo provocando ahogados gemidos,  que lo instaban a seguir descubriéndolo.  La pasión los fue envolviendo… se besaron una y otra vez olvidándose de todo.
-Ven conmigo – Le dijo el señor de los sueños mientras le ofrecía su mano. Ella la aceptó  cogiéndolo después  por la cintura. La condujo hasta un lugar paradisiaco. Ya no estaban rodeados de extraños, amándose. Ya no se oían respiraciones entrecortadas y risas por doquier. Tan sólo estaban ellos, era un día de primavera, una brisa  mecía sutilmente los cabellos de Sara. El aire poseía matices de iodo y sal. Los dos iban descalzos, aproximándose gradualmente hacia una pequeña cala.
-Es mi lugar preferido – Le reveló él, describiendo un gracioso y elegante arco que asemejaba abarcar el lugar.
-¡Es maravilloso! –Exclamó ella. Le sorprendió la ubérrima naturaleza. El agua era transparente, se podía ver con claridad diáfana,  las diminutas y coloridas piedrecillas del fondo…

Edelweiss Coen ©

viernes, 13 de abril de 2012

La leyenda de la piedra negra ( 5ª parte)



Todas las miradas convergieron sobre ella. Su ropa informal se había esfumado, su nuevo atuendo era diametralmente diferente ahora. Una breve falda dorada, se adaptaba a sus caderas lánguidamente y una blusa de similares características, dejaba al descubierto su atractivo ombligo. Deslizó su mano sobre ese curioso e inusual  tejido. Era fino, emitía un leve fulgor. Notó un suave cosquilleo sobre las yemas de sus dedos al rozarlo. No parecía un material por ella conocido. Se asemejaba más a una  energía, que envolvía sinuosamente su cuerpo. Sugiriendo, en vez de ocultar. Unas diminutas piedras preciosas de color verde, adornaban blusa y falda caprichosamente.
Se escuchó una música de tambores, flautas e instrumentos inusitados… Junto a ella hombres y mujeres, comenzaron a bailar, bajo un ritmo salvaje.
Sara titubeo unos instantes, algo desorientada. Segundos después, la música fue apoderándose de su cuerpo, de nuevo. Sus caderas se movieron al ritmo desenfrenado de los tambores. Con cada giro que ella daba, dejaba al descubierto sus firmes y torneados muslos. Su cuerpo seguía una exótica coreografía, una antigua danza, de un remoto lugar… Sintió placer bajo sus pies, al pisar la fina y cálida arena, una y otra vez, sin importarle su procedencia. Deleitándose con cada momento, que aquella ocasión le brindaba.
Cuando la música hubo cesado, de entre la multitud surgió un hombre de cabello oscuro y ojos azules. Sus rasgos eran alargados. Alto, cautivador, avanzaba hacia ella, con una pícara sonrisa…  Llevaba el torso desnudo, la complexión de su anatomía era fuerte. Podría haber pasado por un bailarín más. La única prenda que portaba, era un pantalón largo, de color ambiguo. Ya que según incidía  la luz sobre el,  se asemejaba unas veces al negro y otras al gris antracita. Mientras, el público enardecido, reclamaba una actuación más.
-Bienvenida Sara – Dijo aquel desconocido. Sus ojos, parecían estar acariciándola con la mirada, su voz era agradable, de tono grave.
-Gracias ¿Quiénes sois? – Repuso ella, correspondiendo a su sonrisa. Se sentía atraída hacia aquel hombre. Su aspecto, su voz, no podía dejar de mirar sus ojos. De percibir su embriagador aroma de maderas del bosque, de almizcle…  que parecían magnetizarla. Su sola presencia le producía placer, dicho placer ascendía en oleadas desde su sexo incitándola  a algo más.
-¿Es este tu segundo deseo? – Susurró el desconocido. Acto seguido humedeció sus labios seductora y perezosamente con su lengua. Era consciente del poder que ejercía sobre su interlocutora. - Uhm…. No sería cortes, será el mío entonces…
- Agregó, pronunciadas dichas palabras, su pícara  sonrisa  se trocó en una mueca triste. Las púpilas de Sara se dilataron un poco más, sin saber que decir, guardó silencio. – Los que tienen la mala suerte de cruzarse en mi camino me conocen como ….

Edelweiss Coen ©