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domingo, 22 de noviembre de 2015

Un dulce libro que tiene mucho de autoayuda

Hola estamos en Radio Tren de Libros, la última vez estuvimos en Valencia conociendo a unos dragones muy especiales de “La ira de los Darwans” un libro que escribí hace poco. Y ahora nos vamos a dirigir a Francia, ya que es el país del autor invitado Antoine de Saint Exupery. Lyon el 29 de junio de 1900- isla Riou 31 de julio de 1944. Nació en una familia aristocrática pasó una infancia feliz pese a la muerte prematura de su padre. No le fue muy bien en la escuela naval así que se orientó hacia las artes y la arquitectura. Se hizo piloto cuando estaba cumpliendo el servicio militar en 1921. En 1926 entró a trabajar en una importante compañía de correo aéreo.
Vamos a hablar de  “El principito” un libro que estoy segura que conoceréis. Parece que está dirigido hacia los niños pero yo pienso que tiene enseñanzas que los adultos deberíamos de conocer.  



 Es un libro con mucho encanto parece como si una curiosa luz nos enseñara el camino a través de sus páginas.
Uno de los protagonistas es un hombre con una gran vida interior y humanidad que se encuentra en un desierto con su avión averiado. De repente aparece un niño de unos 7 u 8 años de edad, rubio vestido con un curioso ropaje. El hombre se siente desconcertado al contemplarlo, ya que no hay personas a 1000 millas a la redonda dado que se hallan en un desierto en África. Lo más inaudito es que ese niño le pedirá que dibuje un cordero. Él accederá algo molesto y extrañado por la premura de la exigencia.
 A partir de ese momento el hombre y el niño establecerán una curiosa comunicación. El principito le contara su historia y le describirá su mundo y quienes habitan en el.

El principito se sintió molesto con una flor que por casualidad llegó a su mundo así que él se alejo de dicho mundo aunque la quiere, aprovechando para ello el vuelo migratorio de unas aves. A partir de ahí habrá una especie de viaje iniciático de aprendizaje en el que el principito conocerá otros mundos. Reyes que quieren súbditos, geógrafos que quieren exploradores, fareros que siguen consignas sin analizar los cambios….  Son personas que parecen necesitar a otras para completarse cuando en realidad el equilibrio se encuentra en el interior de dichas personas. Parece en cierta manera un análisis psicológico de la vida y de la actitud que adoptamos ante ella. Son opciones de vida que nos pueden dañar interiormente sino meditamos. Es como si el el principito nos colocara un espejo de nuestros errores. Posiblemente el inicio del libro en el que se encuentran el hombre adulto y el niño sea una especie de análisis hacia el interior del adulto recobrando valores interiores.

Me encantan muchas escenas del principito, cuando el zorro le dice que solo se ve bien con el corazón. La ternura con la que el hombre vela al niño mientras este duerme  y piensa que es como si una llama brillase en su interior.
 Al principio del libro me hizo gracia la prueba a la que sometía a algunas personas el hombre enseñándoles la serpiente con un elefante en su interior.
Yo pienso que en realidad es un libro para todos los públicos porque entre sus líneas podemos hallar lo que es verdaderamente importante en la vida. Es un libro tierno con mucha luz interior.




viernes, 4 de mayo de 2012

La leyenda de la piedra negra (9ª parte)





De súbito un breve pensamiento ensombreció la actitud de la joven
-¿Por qué me has traído hasta aquí?- Preguntó inquieta
-Quería hablar contigo…. – Le aclaró lacónicamente
-Yo en cambio, preferiría seguir amándote  – Objetó Sara con picardía, depositando un lento y generoso beso sobre sus labios. Este es un lugar idóneo para ello – Agregó de forma seductora.
-Ahora no…. Pero cuando se acabe el tiempo estipulado, te arrepentirás de no haber aprovechado tu oportunidad. - Le advirtió el señor de los sueños mientras le acariciaba unos mechones de su rebelde cabello.
 El agradable entorno que los había acogido comenzó a perder corporeidad retornando a su anterior aspecto. Los dos volvían a estar de nuevo dentro de la gran sala.
-¡No otra vez no! – Bramaban algunos hombres y mujeres desesperados… Al comprobar que su apariencia física comenzaba a difuminarse en el aire. Siendo arrastrados hacia el centro de la piedra negra de forma ineluctable. Como si esta en verdad, fuera un curioso y singular vórtice.
Sara se sintió mareada, antes sus ojos la gente se transformaba en meros jirones de energía. Vio caras desconocidas transfiguradas por el horror gritando, otros en cambio aceptaban su sino en silencio resignados.
Aquella situación era injusta, nadie  merecía semejante castigo…Pensó Sara
Un ligero temblor sacudió su cuerpo Tenía miedo de verse doblegada hacia ese triste final. No era lo que ella se había imaginado… El corazón le latía desenfrenado. Su rostro estaba  lívido por el horror. Consciente de su situación intentó serenarse para superar la adversidad... No podía repetir ningún deseo anterior, debía de ser original, decir  algo que nadie hubiera anhelado antes.
<<Deseo no haberte conocido nunca.>> Pensó vertiginosamente, descartando aquella idea al instante. No podía traicionarse a si misma, ya que lo amaba... Además decenas de hombres y mujeres ya habrían proferido dicho deseo en el pasado. La piedra negra cumplía sigilosamente su labor de manera implacable en  un segundo plano. El 80% de los que anteriormente habían abarrotado la sala  ya no estaban.
-¿Lo sabes ya?- Indagó con preocupación el señor de los sueños. – ¡Ya no queda tiempo! – Exclamó angustiando en un punto más álgido a su compañera.
Una luz comenzó a dibujarse en su mente. Recordó las palabras de aquella niña  “Su punto débil….”
Miró de nuevo a su alrededor. Perpleja  comprobó que solamente quedaban ellos.
El señor de los sueños la abrazó con dulzura. Una honda tristeza se reflejaba en su semblante conciente de lo que iba a ocurrir. El cuerpo de él comenzó a desvanecerse ante sus  ojos. Sin embargo algo brotó de sus labios, palabras que resultaron inextricables a sus oídos.
-¡No! - Gritó desesperada al ver el terrible trance en el que se hallaba su amado. – ¡No! – Volvió a gritar llorando entrecortadamente, cayendo al suelo impotente y desmadejada como una muñeca rota.
 A pesar de todo la luz del raciocinio pugnaba por abrirse paso a través
de su mente  atormentada.
-¡Ya sé cual es mi deseo! – Gritó hacia la estancia vacía mientras se incorporaba.
-¿En serio? ¿Y cuál es tu anhelo más profundo? Pobre mortal…. - Repuso una voz de ultratumba.
Sara contempló con osadía a la sombra negra que se iba proyectando sobre su cuerpo envolviéndola. Reclamándola como un animal depredador  acecha a su presa ante otros rivales. No obstante hubo un momento durante el cual el  ente oscuro aflojó parcialmente  la presión ejercida sobre su cuerpo…

lunes, 16 de abril de 2012

Conociendo un poco más a los elfos




Los elfos son criaturas de la mitología nórdica y germánica. Originalmente se trataba de una raza menor de dioses de la fertilidad y representados como hombres jóvenes y mujeres de gran belleza que viven en bosques, cuevas o fuentes. Se les consideraba como seres de larga vida o inmortales y con poderes mágicos. A pesar de sus orígenes y raíces nórdicas, también pueden ser comparados con las Hadas y otros seres de culturas europeas.

                                                          Autora foto : Carmen Haberichter
                               
En su versión literaria moderna, son longevos (pueden vivir milenios) y tienen poderes mágicos que usan para proteger la naturaleza. Se cuenta que la raza élfica ha precedido a la humanidad  en un gran número de milenios. Aman el juego, la danza y el canto.
En la literatura moderna:
Los elfos se describen como seres altos y de una belleza salvaje, de ojos grandes y profundos como los de un gato y con movimientos precisos y elegantes cual felino. En buena parte de estas historias son guerreros expertos, frecuentemente buenos arqueros. Típicamente son de tamaño humano, como los mitológicos. 
Fuente : Wikipedia

lunes, 2 de abril de 2012

La leyenda de la piedra negra (4ª parte)




La joven renegó con la cabeza, alejando con aquel simple gesto, todos aquellos pensamientos alocados, todas aquellas quimeras absurdas, que habían estado atormentando su mente. Aquellos sueños, simplemente habían sido pesadillas, nada más. Estaba sometida a mucha presión, en diferentes ámbitos de su vida.
Aquellas chiquillas, no eran más que un par de niñas traviesas. Si les hubiera preguntado si habían visto un elefante rosado, posiblemente también le hubieran seguido la corriente, con tal de divertirse durante un rato más, a expensas suya.
-Seré tonta – se recriminó a si misma a un paso  del portal de su casa. Extrajo la llave de su bolsillo y la introdujo lentamente. Se fijó en el barniz de la puerta parcialmente envejecido por el sol. Al instante le asaltaron todas las cosas que tenía pendientes… Hablar con el dueño de la casa, llamar a su novio que aún debía de estar enfadado con ella, por aquella nimiedad…
Inspiró profundamente intentando serenarse al hacerlo, notó un suave perfume a sándalo… Al abrir la puerta aquel aroma se hizo más intenso. Una densa oscuridad inundaba la casa. No podía vislumbrar los contornos de los muebles. Aquella visión, le produjo un estado de indefensión provocando que todos sus sentidos se pusieran alerta. Dio un paso hacia atrás para escapar de aquella situación. Angustiada oyó como unos seres invisibles cerraban la puerta tras de si. Las manos le temblaron mientras buscaba frenética entre sus bolsillos. Al dar con ella se giró bruscamente en dirección a la puerta. Un bulto en el suelo la hizo tropezarse, aquel emitió un lúgubre lamento de ultratumba.
Sara tanteo la puerta con las dos manos, pero aquella ya no tenía el antiguo tacto de madera. Sus manos estaban tocando una especie de puerta de piedra con abigarrados relieves, su textura era áspera, rugosa…
Una densa hiedra se proyectó sobre las paredes de la casa. Con la respiración entrecortada, Sara alzó la mirada hacia arriba, comprobando estupefacta que podía ver las estrellas. Unos rústicos hachones iluminaron misteriosamente la  estancia. De súbito se oyeron risas y música por doquier. Una multitud desconocida parecía disfrutar de una curiosa fiesta. Sus ropajes eran atípicos ligeros y  exóticos como si pertenecieran a otra época. Una amplia variedad de colores embellecían sus atuendos: dorados, negros, plateados, verdes, burdeos... Hacía calor… la joven se desabrochó un par de botones de la camisa. Unos bailarines irrumpieron en escena sus cuerpos musculados brillaban tenuemente bajo la luz de las antorchas. Danzaron al ritmo de la música a la luz de la luna llena. Sara hipnotizada siguió el desarrollo de la danza. Se fijó en sus torsos desnudos, sus dorsales, sus recios pectorales. En la sinuosa cadencia de sus movimientos varoniles. Sus pieles  de color canela parecían realzadas por sensuales aceites. Magnetizada y enfebrecida por la fuerza de los tambores se dejó llevar… dedujo que quizás todo aquello no fuera más que un simple sueño erótico. Sintió el deseo de unirse a la danza junto a ellos, aquel deseo fue en aumento, le urgía a liberarse de torpes ataduras, a ser una diosa de la danza… Al instante se vio transportada mágicamente hasta el centro de la sala. Todo parecía tan irreal, tan confuso…

Edelweiss Coen ©

lunes, 19 de marzo de 2012

La leyenda de la piedra negra (3ª parte)



Se incorporó rápidamente, iba descalza, esquivó a su mastín marrón que pretendía darle la bienvenida como casi todas las mañanas. Pero aquel, tenaz,  le bloqueo el paso varias veces hasta conseguir que su compañera humana le acariciara el lomo.
Después de unos inoportunos timbrazos saltó el contestador automático y tras este el consiguiente mensaje. Era el dueño de la casa ordenándole nuevamente bajo una patina de falsa amabilidad que a la mayor brevedad posible se pusiera al corriente de los pagos. Era  un hombre vulgar, alto enteco, de gestos desabridos y mirada fría similar a la de un caimán.
Sara miró a su alrededor inquieta, los techos altos las recias vigas de madera. Bajó la vista observando el suelo de gres marrón, sonrió al ver a su perro revolcarse como si fuera un cachorro por el suelo, ajeno a cualquier problema monetario.
Era un día radiante, el sol iluminaba la estancia y una suave brisa agitaba caprichosamente las finas cortinas de su dormitorio.
Algo llamó la atención de Sara, intrigada se acercó a la ventana. En su jardín alguien había colocado una especie de escultura negra de grandes dimensiones. No podía verla con claridad, ya que aún no se había colocado las lentillas. Dicha escultura brillaba bajo el sol como si estuviera bruñida, poseía cierto aire humanoide, sin embargo desde algunas zonas de su anatomía emergían  singulares formas lobuladas.
-¿Me estaré volviendo loca? – Se preguntó mentalmente. Cambio de parecer al percibir que un par de niñas observaban aquel extraño prodigio. Eran dos chicas rubias de unos 6 o 7 años estaban situadas frente aquella inusual estatua. La más bajita permanecía silenciosa agarraba con nerviosismo su bicicleta, mientras que la otra parecía estar hablando con alguien, ya que movía sus labios.
Sara se vistió vertiginosamente  despojándose de su camisón, se abrochó de forma desigual su blusa y se puso una falda vaquera corta. Bajó como una exhalación  por las escaleras  de madera. Cuando fue abrir la puerta principal comprobó extrañada que aquella estatua había desaparecido. Perpleja camino errática por el jardín para de algún modo poder confirmar con hechos sus extrañas visiones.
Frustrada se sentó sobre el césped, unos segundos más tarde reconoció a las dos niñas
-Hola – Dijo Sara sonriéndoles
-Hola – Dijeron las niñas casi al unísono, sin corresponder a su sonrisa.
-¿Puedo haceros unas preguntas?- Les preguntó con sinceridad.
Las niñas se miraron entre si de forma cómplice. Parecía como si aquella situación les divirtiera de alguna forma
-No tengo caramelos… pero tengo algo de…. -Agregó Sara buscando en sus bolsillos
-No necesitamos tus caramelos, ni tampoco tus monedas ¿Qué quieres saber? –Le contestó una de las niñas con un mohín de disgusto como si fuera una adulta ofendida.
-¿Visteis la escultura negra? - Las interrogó de nuevo. Las niñas volvieron a mirarse entre si y se cuchichearon algo al oído.
-Sí, la vimos. - Le contestó la niña. Sara tragó saliva, le sudaban las manos aquel diálogo parecía irreal. Una pregunta empezó a bosquejarse en su mente, pero no se atrevía a formularla por miedo a oír la respuesta.
-Estuve hablando con el señor de los sueños. - Comentó la niña como si pudiera oír sus pensamientos más recónditos. - No es la primera vez que hablo con él ¿Sabes? - Dijo al ver que Sara permanecía inmersa en un curioso mutismo. La niña  cogió una pequeña ramita del suelo.
Su pelo rubio refulgía bajo el sol,  su expresión parecía inocente a intervalos.
-¿Cuál crees que es su punto débil? – Le preguntó.
 Sara enarcó una ceja al oír sus palabras. Recorrió visualmente la breve ramita y señaló un determinado punto intermedio que parecía más quebradizo. La niña asintió como si fuera una profesora. - Nos caes bien, queremos volver a verte, recuérdalo. - Añadió
-Lo recordare – Repuso Sara confusa, con algo de zozobra reflejada en sus ojos, no sabía si estaba siendo objeto de la burla. Las niñas se alejaron y aquel aspecto hierático y solemne impropio de su edad desapareció dado que volvieron a jugar alegremente correteando por el césped.

Edelweiss Coen ©

domingo, 19 de febrero de 2012

Diálogos de dragonas


Diálogos de dragonas


DIÁLOGOS SOBRE HUMANOS (15M)
Redlania dio un brinco y cayo de bruces en un prado verde giro su cabeza a un lado y vio como serpenteaba un riachuelo se acerco hacia allí algo recelosa y chapoteo en el agua gozosa ya que hacia algo de calor observo con placer el agua cristalina y las diminutas piedrecillas de diversos colores que allí había. Pero algo la hizo detenerse en su chapoteo y salir de aquel placido río sobre una gran piedra rojiza habían grabado una frase misteriosa “Diálogos de dragonas”
-¿Diálogos de dragonas y eso que diablos sera?- Musito Redlania pasando su pata sobre la superficie rugosa de esta. Justo en aquel momento se acordó de su nueva amiga se acerco al portal de piedra de blanca que hacia unos breves instantes había traspasado y llamo a su compañera
-¡Ey dragona!- Grito Redlania – ¿Estas por ahí?- Pregunto en voz alta
-Si por aquí ando- Dijo la dragona verde olisqueando un árbol a dos patas. Inspeccionaba con curiosidad aquel novedoso lugar. Una flor rojiza llamo su atención la olio y acto seguido se la comió con deleite. -¿Cuentame cosas de los humanos de la tierra?
-Sería largo de explicar…. – Comento Redlania frente a ella
-Cualquier cosa me vale, lo que se te ocurra.- Repuso La dragona verde intrigada y ansiosa por conocer nuevas culturas.
-Caminan a dos patas
-Oh vaya eso ya lo sabia yo… -Comento la dragona verde decepcionada por la brevedad de su comentario haciendo un gesto de desagrado con la pata delantera.
-Hacen construcciones de ladrillos donde viven la mayor parte de sus vidas y se visten con telas de colores para protegerse del frío.
-Pobres como no tienen escamas… – Comento la dragona verde
-Ademas de protegerles del frío lo usan para establecer diferentes clases sociales para separarse unos de otros. Por ejemplo hace poco hubo una manifestación en la tierra en un lugar llamado España lo llaman el 15M es un nuevo movimiento… -Explico Redlania se detuvo ya que su contertulia había dibujado una “O” grande con la boca era demasiada información nueva para procesar.
-Ostras – Repuso la dragona verde pasados unos segundos.